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Mejor un dry martini | Cuentos imaginativos y nihilistas utiles para pensar
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Cuentos cortos imaginativos y nihilistas

Mejor un dry martini

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A las ocho cerraban en el centro de acogida de día. Siempre procuraba salir antes, para poder tener sitio donde dormir en el local de Cáritas, sobre todo en días fríos de invierno como aquel. Pero, cuando uno se calienta con una partida de dominó, se pasa el tiempo volando y eso fue lo que pasó aquella tarde. Lo del dominó era un vicio que había adquirido cuando hacía camping, junto a su mujer y su hija, en la caravana que había comprado después que su hermana, practicante desde hacía años, le metiera el gusanillo.

Cuando oyó las voces de los voluntarios diciendo «en cinco minutos cerramos», se maldijo a si mismo por su estupidez y presintió que iba a tener una noche complicada.

A pesar de todo lo intentó en un par de albergues cercanos obteniendo el resultado que ya había temido: no hay camas. Probó entonces en varios cajeros automáticos, pero el que no estaba cerrado con llave estaba ocupado y no tenía ganas de compartir nada. Pensó: «Tendré que pasar la noche al raso», lo que no le hacía ninguna gracia por el frío y porque las calles de Barcelona hacía tiempo que habían dejado de ser un sitio tranquilo para los “sin techo”. Como echaba de menos el calor de su casa.

Al pasar al lado de unos contenedores de basura, vio un montón de cartones (se notaba que el precio del papel había bajado) en bastante buen estado. Seleccionó los que estaban mas limpios y que tenían un tamaño adecuado para servirle de somier, de colchón, de sábanas y de mantas.

Cargado con ellos siguió andando buscando un sitio adecuado donde pasar la noche. Pasó, sin habérselo propuesto, por delante del edificio en donde había trabajado hasta que cerró la empresa. Recordó que un poco mas allá había un edificio cuyo portal de madera estaba siempre abierto y allí se dirigió. Vio con sorpresa que, donde había una puerta vieja de madera, ahora había una horrible, pero cerrada, puerta de chapa.

No había cenado, lo último que había tomado había sido el café con leche y las galletas en el centro de acogida. Estaba cansado, hacía frío y eran ya mas de las once de la noche, por lo que decidió tumbarse a dormir en un banco en medio del paseo. No era muy acogedor pero ya no podía mas.

Dispuso unos cuantos cartones sobre las traviesas de madera, colocó su mochila como almohada, se tumbó y se tapó, como mejor pudo, con los cartones restantes. ¿Qué haría a estas horas Cristi?¿Habría acabado ya sus deberes?

Hacía frío y para disminuirlo se encogió como hacía en su cama, de niño, en la época de los sabañones. Se acordó de su madre dándole un vaso de leche con Cola Cao y contándole el cuento de siempre.

Empezó a tiritar y se encogió aún mas, si cabe. La noche estaba tranquila y la poca gente que pasaba describía un circulo para evitarlo a la vez que miraban hacía el otro lado. «¡Cuantas equivocaciones he cometido en mi vida», se dijo, antes de que un gran temblor se apoderase de todo su cuerpo. Sacó, como pudo, el tetrabrik de la mochila y echó un buen trago de vino. Sabía que era un remedio ineficaz contra el frío, pero al menos estaría algo mas contento.

Tenía ganas de mear pero con el frío que hacía no le apetecía levantarse. Se notaba nervioso, quizás por dormir en un banco en medio del paseo, tenía la respiración agitada y el corazón que le iba a cien por hora. Intentó tranquilizarse bebiendo otro trago pero al ir coger de nuevo el tetrabrik se le cayó al suelo. «Ahí te quedas, no pienso ir a buscarte», le dijo en voz alta. «Ahora me tomaría un dry martini en Milano en lugar de esa mierda de vino».

Miró hacía las luces del paseo preguntándose que hacía encendidas a aquellas horas del día, ¿cerca de la playa? Buscó las olas que oía a lo lejos y no vio mas que edificios grises abiertos por callejuelas. ¿Dónde estaría ahora Inés? ¿seguiría con su marido? ¿estaría liada con otro igual que lo estuvo con él?

Tenía mucho sueño, tanto que parecía que no hubiese dormido nunca en su vida. Intentó tapar su azulada cara, sin conseguirlo, mientras que pensaba en aquella muchacha del barrio, ¿cual era su nombre?, justo antes de dormirse por última vez.

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